26 de septiembre de 2013

Barinas2.

En los suburbios, en lo sitios de abajo parece que ni el hastío quiere estar.

En las plantas bajas se respira un olor a muerte animal, a un casco tan histórico, desboronado, derretido... tan antiguo que ni los propios historiadores quisieran recordar, bajo Barinas es marrón con tierra hasta en las uñas, con ausencias proclamadas y emisoras roncas a intervalos 24/7.

Un pueblo marrón, de casa enanas, pijamas y chanclas tristes, pulgas garrapatas, hormigas, chicharras sin humo, grillos, gallos de 5am, una nostalgia pseudo olvidada y el vestigio incesante de ella.

En bajo Barinas se escribe y se lee en paz, se duerme con frío artificial que cala hasta en los huesos, congela las fosas y se recuerda muy lejano. Todo lo que un prófugo efímero necesita.

Calles tan sórdidas y antiguas, como las de bajo Barinas, donde no llegan los sollozos de la juventud, donde se respira costumbre vejez hielo seco y cervezas, joropos recios desenfrenados, aturdentes como un grito al cielo.

Barinas es para olvidar y enterrar sin ultrajar, para olvidarse de la mala lectura, de los malos escritos, del insomnio, del típico y extenso "stock juvenil".

Barinas y su bajo Barinas son una obra olvidada, son como el presagio de la vejez y un leve conformismo marrón tierra sazonado con aguacates, posturas de gallinas y sol estridente.

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