30 de septiembre de 2013

A la salud de los resquebrajados.



 Cómo se cura la gente
el hedor de amor
sino es afrontándole por las noches
 aún cuando siempre gane
y les deje desvelados.

Cuán gruesos son los nudos
que deben pasar cientos de veces por la garganta
hasta ultrajarla
antes de que se desatasen entre los ojos
y huyan del cuerpo como lágrimas
.

Qué lentitud imperturbable de las horas
y su incompatibilidad con la prisa de la cura.

Cuánto sangra una costra
 cuando se le arranca de la herida 
una y otra vez, 

hasta la hemorragia,
hasta el adormecimiento,
 hasta el cansancio,
hasta el insomnio,
 una y otra vez,
sangre y recuerdos...
 (y TODO lo anterior de nuevo). 

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