30 de septiembre de 2013

A la salud de los resquebrajados.



 Cómo se cura la gente
el hedor de amor
sino es afrontándole por las noches
 aún cuando siempre gane
y les deje desvelados.

Cuán gruesos son los nudos
que deben pasar cientos de veces por la garganta
hasta ultrajarla
antes de que se desatasen entre los ojos
y huyan del cuerpo como lágrimas
.

Qué lentitud imperturbable de las horas
y su incompatibilidad con la prisa de la cura.

Cuánto sangra una costra
 cuando se le arranca de la herida 
una y otra vez, 

hasta la hemorragia,
hasta el adormecimiento,
 hasta el cansancio,
hasta el insomnio,
 una y otra vez,
sangre y recuerdos...
 (y TODO lo anterior de nuevo). 

26 de septiembre de 2013

Barinas2.

En los suburbios, en lo sitios de abajo parece que ni el hastío quiere estar.

En las plantas bajas se respira un olor a muerte animal, a un casco tan histórico, desboronado, derretido... tan antiguo que ni los propios historiadores quisieran recordar, bajo Barinas es marrón con tierra hasta en las uñas, con ausencias proclamadas y emisoras roncas a intervalos 24/7.

Un pueblo marrón, de casa enanas, pijamas y chanclas tristes, pulgas garrapatas, hormigas, chicharras sin humo, grillos, gallos de 5am, una nostalgia pseudo olvidada y el vestigio incesante de ella.

En bajo Barinas se escribe y se lee en paz, se duerme con frío artificial que cala hasta en los huesos, congela las fosas y se recuerda muy lejano. Todo lo que un prófugo efímero necesita.

Calles tan sórdidas y antiguas, como las de bajo Barinas, donde no llegan los sollozos de la juventud, donde se respira costumbre vejez hielo seco y cervezas, joropos recios desenfrenados, aturdentes como un grito al cielo.

Barinas es para olvidar y enterrar sin ultrajar, para olvidarse de la mala lectura, de los malos escritos, del insomnio, del típico y extenso "stock juvenil".

Barinas y su bajo Barinas son una obra olvidada, son como el presagio de la vejez y un leve conformismo marrón tierra sazonado con aguacates, posturas de gallinas y sol estridente.