6 de julio de 2013

Goteras en la cabeza.

Cigarros, sí, la maldita e inagotable nicotina que podría hacer de mis días la atmósfera espesa y sumida en aires grises, café teñido de marrón violento pidiendo a gritos un edulcorante, y cervezas,  unas al estómago y todas a la cabeza . Sé como suicidarme, sé cómo hacerlo muy bien, sin que nadie note suficientemente el denso cocktáil de confusiones decoloradas que circula por la sangre a punto de evaporarse.

Música de orquesta, violines, chelos, guitarras tenues, bajos ensordecedores, melancólicos y arrogantes, un scratch, una voz (por suerte) más adolorida que la mía, una cerveza más amarga que la propia sonrisa congelada que cuelga de los labios y una inamovilidad emocional más crónica que una foruncúlosis de inmunodeprimidos.

Con astigmatismo leve, sé muy bien (aún sin lentes de pasta) cómo es que se ve el sufrir de los acusados, se bien cómo se ve la soledad temporal y como se ve el cuerpo desnutrido de los depresivos innatos. También sé, y no por discurso ajeno, con narices escoñetadas y tapadas después de noches vibrantes, sin luz, con voces ajenas, revolcadas y ebrias; Sé muy bien a qué huele la soledad y el presagio de unos días más, de unos días intoxicados del mismo hedor y de náuseas solitarias.

Sé cómo invertir y malgastar, agotar y fumarme el sumiso tiempo y esos recursos tramposos del mismo: la noche, el día y el paso desenfrenado de la alegría entre la risa y el sollozo y mártir aliento de la melancolía implantada, sembrada sin permiso, invasiva e irrevocable.


Sé cómo se escucha la tristeza en el rostro de un perseguido-acusado, aún si se maquillasen las arrugas y se tiñeran los cabellos, lo sabría, porque es cuestión de ojos y no de rímel ni de creyones, ni de cabellos planchados y pollinas trasquiladas, no… es cuestión de la bombilla gastada que apenas alumbra y aún si se riesen con furor siguen ahí esos dos puntos secos, diciendo entre miradas que no todo ha sido de colores, ni verdadero ó falso, quién sabe… los ojos, esos faros penetrables de palabras, siempre dicen algo distinto a lo que escupen las bocas seguras y falsas, verdaderas ó prófugas como si casi nunca estuviesen en conexión lógica con la lengua inquieta, babosa, mentirosa, conversora de pensamientos sinceros en mierda pulida y socialmente aceptable, transformadora de mal hábitos en diplomacia verbal en acción.

Congratulations, ahora que sabemos todo , podríamos darnos más motivos para catalogar en stocks justos y modificables cómo es que opera la cómoda teoría del hedonismo frente a una siembra enmarañada de noches sonámbulas y días ebrios, irreales y embebidos en letras, en lagunas de desvaríos propios, impersonales  y deletreados intensamente.

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