1 de abril de 2013

Martes Prematuro.

Tengo una paradoja
entre tus lagrimas
y mis sonrisas.

No quisiera nunca
se te apagaran los labios,
se te quebraran,
se te desgastaran.

Sinceramente, Amor mío,
no quisiera para ti,
el cielo de los castrados.

Tengo una intensa confusión
entre la llama de tu alegría
y el escándalo del
más profundo escepticismo.

No quisiera para ti,
te perdieras en los suburbios
del pensamiento inconsciente
que arde,
que hiere,
que pierde y ultraja.

Amor mío,
no quiero que mueras
ni por mí,
ni por nada.

Tengo una confusión
insoluble,
(casi irrevocable)
entre el exilio de tu recuerdo
y la ausente presencia
de tu aliento desalmado,
(casi remendado).

1 comentario:

  1. :O Me encantó. Pero a veces, en eso que "les desgastamos", podemos llegar a intervenirlos para que reconozcan en sí un nuevo potencial y, entonces, no es más lo que pierden que lo que ganan, al igual que nosotros. Quizá debiera omitir la idea de perder y ganar... sólo nos re configuramos mutuamente :)

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