10 de marzo de 2013



Estoy tan aburrida que podría recordar cuantas veces se me secaron las ganas en tu cama... Quizás por eso dicen que te mantengas distraído.

Un cocktáil.


Si sucumbir frente al declive implicara seducirme y revolcarme en una sola personalidad, no habría entonces ni un rastro de mí, fuese no más que un vil enredo entre nadas, recuerdos cuestionables y otros innombrables, entre susurro mudos, gritos sordos y palabras inexactas que a modo de hojilla irían cortándo tajos de mí, cada uno más profundo, aburrido y sangrante.

Si el "renacer" significara juntarme los pedazos (curados y otros no tanto), fuese entonces una masa compacta de decisiones absolutamente revocables. No consiento por ninguna sujeción que una personalidad se arraigue, y me ame: a mí, que me llamen mutable, me prefiero en mi versión más perturbada y desincronizada que en mi versión más inamovible, es esa,  la que aterroriza, esa que no renuncia ni a su propia mentira. 

No permito que una sucesión de hechos haga de mí un castigo excusable y no le justifico a ninguna boca la capacidad exhaustiva e imperativa de despilfarrar y suprimir mi nombre sobre una vil personalidad: Soy un trago sin fondo, una improvisación embriagante, soy quizás (y otorguémosle beneficio a la duda), la perfecta versión de la interacción entre yoes que van escudriñándose en la desincronización pero no en la justificación -tras el error-


No me busques en la mentira de la decencia, me prefiero en la honesta decadencia nauseabunda que hace de mí un vómito donde la verdad más necesaria está en la mirada, esa mirada con ojos grandes llenos de jarras inacabables de café; búscame en esa mirada embebida en sin-razones que me desvelan, que hacen de mí el ruido más inaudible y el llanto más destilado.