22 de febrero de 2013

Febrerito.

Recuérdeme cuando le digo que se me deshilacha el ego,
que se me pierden las piezas que me rompen esta cabeza
esos llantos que me taladran los sesos,
cristalito de lágrimas que me congelan los dedos.

Olvídese cuando no escribo pues, no existo.

Olvídese de las molestias
y de las cartas de cortesía si me visto de colores,
si mis ojos se tragan el asfalto
y el viento no desordena mis cabellos.

Olvídese de mi cuando no me encuentre en una tasca,
en una cerveza,
en una guarida de poetas
pues en ese caso
estaría más que muerta.

Olvídese de este costal de huesos
si mis dedos no consiguen unos versos más sinceros que estos…

Mire hombre, observe lentamente
como se va desvaneciendo la poesía
de mi vida,
como mi silueta se hace difusa
entre tanta espuma de fieltro,
entre tanta densa cualidad que tengo
para no poder disiparle de mi recuerdo.

Y observe también
qué tan mal me describo,
observe, he dicho!
cómo me cuesta poner un punto,
un punto final,
el punto seguido,
un punto a la historia.

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