30 de agosto de 2012

¿Donde me tiraron?
-Donde los humanoides alertagados se convierten en puntos, rodeados de millones de puntos suspensivos...

28 de agosto de 2012

Agosto Camina sin Prisa.

Desde la recóndita maraña de las letras mudas,
de las palabras atoradas,
desde el rincón de mis manos,
de los dedos que arden,
de las bocas secas,
de las miradas espasmódicas,
desde las palabras repetidas y el violento círculo del deseo.

Desde la esquina de un putefrácta conexión sináptica,
pude hallarme averiada, 
intangible e inmutable.

Pude conseguirme, pero he de abandonarme,
sé cuando encontrarme, 
sé como destruir todo al paso de los desolados 
ó como revivir al ritmo de este conspicuo abismo.

Desde la hambrienta sensación de creerme condenada, 
hasta el más glorioso sin sabor de estos destellos divagantes pude verme al final
tan sonriente e inacabablemente desvariante.

24 de agosto de 2012


-Sólo el que conozca la locura
es digno de mi cordura-




J.

7 de agosto de 2012

Averiada en el Ayer del Hoy.

Se necesita imaginación para creerse un sobrio perfecto.
Imaginación ó resignación
para aguantarse el frío congelando los detellos del pensamiento.




¿Quién sabe lo que se necesita para lanzarse al vacío de este abismo conspicúo de muertos jugando a vivos?

El viento grita por las rejas y yo tan perpleja,
con los dedos en llamas, 
con la lluvia de mis ojos en los párpados 
y la sonrisa quebrantada,
imaginando que tal ves el sol ardía,
que esa bola gigante podría alisarme las arrugas
que las lágrimas después de tus palabras,
en mi cara ultrajada 
ya bastante cansada.

Se necesita compañía que arrope
ó  imaginación impávida que acongoje, ¿Quién sabe?

Aquí nadie entiende la película que protagoniza hasta que se la imagina, 
hasta que la dramatiza
en escenarios siempre tan cambiantes,
con guiones imparables 
entre personajes mutilantes, aturdentes e inacabables.

Hay que imaginarse vivo para creerse las cicatrices, 
para verlas sangrar,
para escucharlas gritar.

Hay que imaginarse en tiempos desvariantes
para no sorprenderse de las paupérrimas existencias que mutilan sin anestesia.