30 de julio de 2012

un Ensayo prematuro.

Me gusta cuando la incongruencia se viste de gala, como el deseo de escapar dentro de la conspicua sobriedad. El pretender ser sin saber todo lo que somos, lo que hemos perdido, lo que hemos besado y acabado. Me apasionan los rotos, los acogidos por el silencio, los mutilados por la ebriedad, los enamorados de la soledad y sus altibajos de amante perfecta, de esas frívolas que prefieren morir antes huir. Me gustan los guerreros con el ceño fruncido, con los labios secos e impávidos, con las pupilas enfocadas en el viento que les arrastra las avaricias. Me gustan remendados y cosidos sin anestesia, como con sus cabos bien atados a las patas de sus camas en llamas. No soporto al sobrio espasmódico, al que se revuelca entre su aburrimiento de querer ser auténtico, me gustan difusos, sueltos en el limbo de la curiosidad perpetua con una seña ambiguedad perfecta entre la locura y la sobriedad. Me gustan los apresados por la verdad, los condenados a la raza de los acusados, los que esconden su película detrás de sus ojos quebrados, esos tipos rotos que saborean el ácido de sus palabras antes de soltarlas a la interpérie de un mundo el que todos los demás apéndices parecen como repetidos en serie.

Arrastrada por el Viento.

Tengo entradas sin contar, 
cicatrices sin sellar como recidivantes y sangrantes, 
orgasmos sin acabar y miradas sin enfocar.






Tengo intensidad inacabable,
sonrisas rotas irreparables,
dedos que arden, ultrajantes,
que me acarician hasta el fondo,
que me teclean,
dedos que me corren a mil por tecla,
haciendo poesía insulsa,
como arrastrada por el viento,
pisoteada por la sombra,
como amargada de locura,
diluida entre abismos conspicuos,
acabada de tantas putas sábanas y musas sin faldas.


Tengo un cortocircuito entre lo que quiero y lo que necesito,
entre tu bragueta y mi sueño,
como un corto entre tantos circuitos que aún ni termino.


Parezco de dolores,
y me apasionan los sabores,
parezco de ruidos,
y soy un silencio aniquilante,
un sonido inconcluso,
un viento despilfarrando su aliento,
como el aire mutilante que se traga las palabras antes de ser escuchadas.

18 de julio de 2012

Escribo desteñida y con labios rotos, 
con las faldas descosidas y en la cabeza una falacia sin salida.
Con el ruido de las máquinas, 
con el vaivén de la ciudad,
con el desespero de la soledad penetrándome las ganas, 
con el silencio de mis dedos llorando dramáticos en el teclado.



Escribo para aniquilarte, 
para ahogarte entre letras, para morderte la sonrisa, 
para despegarte de mi lengua ya tan seca, 
tan insípida, 
tan contaminada de mentiras, 
tan espasmódica para articular, pero tan perra para besar.

Escribo cuando me sudan las cicatrices, 
cuando me grita la sangre que coagulé cuando me descosieron poro a poro.
Escribo sin lágrimas, 
escribo con prisa, 
escribo con el lagrimal seco y las falanges corriendo a mil por tecla.

13 de julio de 2012

Voy Invisible.


Arrastrándome en el silencio del cospicúo abismo,
buscando una mirada, ya no tan dramática, 
no tan condenada, 
no tan desteñida por el polvo, ni olvidada entre caladas.
                      

¿Qué, tus ojos no llegan hasta el fondo?
qué no ves que éste desastre es un verdadero talento,
un inextinguible invierno congelándome los huesos,
matándome los sesos,
quemando todo rastro de ese inútil deseo.

Voy equivoca buscando un pretexto para hundirme en el cielo de los castrados,
en el cielo de la raza de los acusados,
de los que huyeron de la pasión sin compasión,
de esos dislocados que parecen estar siempre condenados,
con destinos rotos,
con los labios gastados y palabras cansadas,
con cicatrices sangrantes e inacabables.

Voy invisible, transparente e irreversible buscando lo que me cure,
que me quite la condena de escribir,
que me saque las palabras atoradas en la garganta,
que pesan, que queman, que arden,
que huyen de mi boca, que me asfixian la lengua,
y me convierte en letras. 


10 de julio de 2012

Y si me perdí


 fue para ir a encontrarme.