19 de abril de 2012

Rancio.

Tengo una fecha de caducidad, 

que se extiende con besos tibios, tío

y se pudren con esos de lo fríos que pueden hacer de esto un conspicuo abismo. 






Tengo instantes efímeros,
otros tatuados con los ojos de tus labios.

Tengo fecha de caducidad cuando esos dedos presentes no son ya inefables,
esa fecha que cuando me muerdes las rabias,
se adelanta como horas desincronizadas
horas ya no tan lentas como la sorpresa de una mirada ipsofacta,
y una sonrisa ahora ya bastante dislocada.

Tengo palabras remendadas e ineludiblemente,
decisiones mal tomadas,
tomadas sin medir,
tomadas hasta la última gota,
borracha sin cordura como la costura prófuga de mis faldas
cuando saltaba en el lascivio que por ahora, se ha vencido. 

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