21 de marzo de 2012

de Impulsos Compulsivos.

Cuando siento éste impulso de averiarme, 
de perderme, esconderme, fundirme, comerme y vomitarme entera, enterita.




Cuando siento esta alusiva repulsión siempre me salva un brazo, 

el mismo brazo que suelta la cuerda,

que me hace parecer una de ellas, 

como una sobria y no como ésta boca, 

que me emborracha, que me ahoga, que me entrega, 

que me traiciona como cuando no estás,
como cuando mis ganas se desbordan por las faldas, 
-y aún sigues sin estar-

Cuando me consigo, me quedo inmóvil,
como inmutable, esperando que algo más me salve, 
esperando que mis piernas azoten el piso que en mi cabeza se ve tan difuso.

Cuando siento éste impulso,
si, 
éste maldito impulso, 
me pierdo y me consigo sola, 
solita, ultrajada, botando miel de veneno, 
dulzura envenenada y bastante desquiciada.

A veces cuando me pierdo, 
me quedo sentada, frustrada, muerta ó ausente, quién sabe...
A veces cuando me pierdo, 
me quedo en nada, 
buscándole la métrica a la locura
y haciendo de ella algo como ésta sombría poesía.


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