1 de febrero de 2012

Aquí y Ahora.

El repentino e iracundo sabor de la Mentira desnuda, 
de la mentira seductora e intangible. 


Ese inefable aliento a soledad,
esa perpetuidad de quienes sabemos besar -en silencio-

El inextinguible placer a la locura prematura,
a la locura crónica, a la locura  de los dementes ausentes,
a la locura en el cuerpo que se presente.

La ineludible sensación de más,
de querer más, de sobrevivir siempre en un poco más.

Donde la verdad no tiene precio,
y la deuda de la mentira  es irreversible,
es increíble, es insaciable.

El equívoco sabor a pasión verdadera,
a pasión de madrugadas en ayunas,
de besos incompletos,
de susurros a medias,
de cuerpos insulsos pintados ya, con unos cuantos insultos.

El inmutable sonido del cuarto vacío,
el inefable sabor a soledad,
en ruinas de nuevo y sin decir ni una verdad.

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