5 de marzo de 2010

Desatando Nudos


Entonces, decidí tirarme de la Nube y sentir todo lo que a mi alcance estuviese.

Senti frío por la caída, calor entre un par de brazos, amargura cuando todo se acabó sin previo aviso, duda cuando corri y soberbia cuando retorne a la vida, bendita vida empapada de locuras de media tarde y de media noche a mitad de cama también.

Salté por todo territorio ajeno e invadi cada esquina del mismo, cada pedazo de gloria que no estaba entre el repertorio de los mios.

Me hice fiel seguidora de la luz que nunca existió y en mis techo los ojos clavé... como quién no quiere ver y sólo existe en ese momento para deleitar y ser deleitado.

Escribi líneas y montañas de letras mientras la escena pasaba y como desde cero de nuevo: todo en su perfecto orden, las notas arriba, la música abajo y los dedos bien alejados.

Culminé con la mejor de todas, y pasé a la otra escena donde divago...
donde crece mi adicción y se desatan todos los nudos de aquel espeluznante costal de enredos.

Me tiré de la Nube y destapé el vacio de la cegez: vi relucir todo color sabor a placer y asesiné la monotonía cuando consumí todo aquel sobresalto que yacia en ese extraño deposito de sudor, de ropa, caramelos, besos y deseo camuflajeado.

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