6 de enero de 2010

Soledad.

Que no siempre es tan triste, tan desértica, tan ajena... 
Cuando no estas la beso  
la amo tanto como estaría amandote a ti.
para que no me duela, para que no me destruya poco a poco
mientras te espero aun sabiendo que esta noche ya no llegaras.
Cuando apareces ya nada me importa tanto, ya nada interesa más después de haberme entregado a ella
después de haber sido amada por el silencio y el recuerdo de vos imaginario encima de mi, dentro de mi.
aferrado a este cuerpecito como en nuestras mejores noches
de amor eterno, que no acaban aún 
pero que dejan un intervalo de tiempo donde me entrego a ella y sólo a ella.
Soledad que me besa cada vez que quiere, 
que me viola la alegría y se apropia de todas y cada unas de mis lágrimas aunque tu nombre lleven escrito.
Te vas y de nuevo me aferro a ti, como queriendo que nunca más lo vuelvas a hacer pero es inútil... todo es inútil, pues te marchas y me quedo en el mismo sitio con el beso entre los labios 
y el deseo entre las piernas..

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