21 de noviembre de 2009

Sin Filo

Escribir es lo que mejor hago y cuando es sobre mi me destaco, no porque sea muy buena ni porque haya vivido situaciones envidiables… Simplemente pq todo pasa y se plasma, tecleo y tecleo todo lo que pasa, lo que me pasa y me pesa porque tú me lo pones frente a los ojos. 

Ahora me toca a mi, es mi momento y vengo sin filo, casi indefensa pero solo un poco no se confundan que no corto pero si lastimo… Los hombres, Las mujeres y todo ese rollo me cansan, me ponen mal y me desgastan pues nada de eso parece ser para mi, YO demasiado insaciable para pretender algo más que lo mismo, las entregas, los gemidos, las caricias, y palabras bonitas (acaso no es eso lo que normalmente se busca? No se... Simplemente pido Más).

Si tan sólo me permitiese apegarme a tratos reales, a caricias de amigos, a besos de niños. Si tan sólo fuese un poco más descongelada porque a decir verdad soy tan fría que me congelo, si tan solo pudiese arreglar tantas cosas hubiesen tantas formas, tantos momentos, tanto de todo para pensar con calma y resolver todo el drama… tanta vida por delante y es que el problema es que siento tanto que mis 17 han sido 40, sencillamente olvido que tengo 17 y me enredo y desenredo como si tuviese 40. Voy con calma o eso intento, pero cuando aumento el paso me cae una tormenta de agua fría que me deja atacada, alerta y esperando la peor mierda.

Siento tanto y sentí tanto que simplemente ya no quiero sentir… me jubilé de ello cuando lo vi y sentí que algo en mi cabeza se movió, me movió, me estremeció. Las entregas ya no valen, el amor es sólo sexo y los besos son sólo juego de labios: aquí todo lo bonito se acaba sorbo por sorbo, se agota y quizás no vuelve más... Así aprendí a caminar con él en mi cabeza y con el otro a mi lado, pensando en uno y besando a otro. A esto le sumo tanto a aquello le resto poco porque en la vida siempre hay excesos y sobredosis de “tantos”, hay escases de poco y millones de “quizás” que son difíciles de atravesar. Yo soy millones de excesos pegados con tiras de chicle, y de defectos tachados con corrector.

Nada sorprende lo suficiente, ya no, ni el mejor cuento de hadas ni el peor cuento de terror porque fue suficiente… ya nada me importa demasiado, ya nada me hace sentir tan miserable como solía hacerlo, ya nadie es mejor porque simplemente todos nos volvimos escoria, nos opacamos poco a poco, todo perdió importancia paso a paso, calada a calada…

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